En la Edad Media europea, la guitarra, con sus muchas variantes, entra en una fase de gran expasión y popularidad. La gran portabilidad de este instrumento hace que sea el compañero de viaje de los trobadores que recorren la antigua Europa musicando los sentimientos más universales como el amor. Es en este tiempo cuando se encuentran las primeras referencias a los artesanos constructores de guitarras, que imprimen a su sonido el reflejo de su propia huella vital.
Los árabes dejan como parte de su herencia en la Península Ibérica otra modalidad de guitarra pero más importante aún, puntos clave del diseño y construcción de la guitarra clásica.
El número de cuerdas, tamaño y disposición de elementos sufre algunas variaciones durante los siglos posteriores pero la guitarra sigue cautivando con su sonido, llegando a convertirse en el instrumento más querido del mundo.
Amalio Burguet es heredero de la gran tradición artesana latina así como de las esencias culturales de las orillas del mediterráneo. Burguet crea con pasión una guitarra que el músico sabrá transmitir al corazón de la audiencia.
 
 
Una vez recibidas las maderas hay un proceso quizá más importante que la propia selección, el tratamiento de secado.
Burguet imprime su maestría y experiencia en el tratamiento de una materia viva, con el mimo que esta requiere.
La estricta vigilancia de la humedad es un requisto fundamental para garantizar que la madera se encontrará en perfectas
condiciones en el momento del ensamblaje.